martes, 5 de enero de 2016

El Reino. Emmanuel Carrère



Alguna vez fuiste creyente y ahora ya no lo eres ? Has vivido arrebatado por la fe y ahora te defines agnóstico?. Te has olvidado, ya no piensas en ello, pero cuando asistes, obligado por las circunstancias, a un oficio religioso (boda, bautizo o funeral), te resultan extrañamente familiares las fórmulas del culto, los ritos iniciales, la liturgia de la palabra, la eucaristía, etc., pero ya no te dicen nada, estás asistiendo a una ceremonia "non sense"

Este es tu libro. .No es una novela ni un libro de memorias o biográfico , tampoco es estrictamente un libro de historia del cristianismo ni de ensayo, pero tiene un poco de cada como viene siendo cada vez más habitual en la literatura actual, que huye del encasillamiento de los distintos géneros literarios

Cómo he podido creer en el dogma si esa verdad no resiste ni el más mínimo filtro de la razón. A cuya luz no se sostiene ni la resurrección de los muertos, ni los milagros, ni el Espírttu Santo ni la virginidad de la Virgen. He perdido la fe pero en algún momento puede resultar interesante echar la vista atrás con espíritu revisionista, volver a leer atentamente las fuentes, el Evangelio de San Lucas, los Hechos de los Apóstoles o las Epístolas de San Pablo, en un ejercicio de exégesis bíblica y de historiador del cristianismo.

Enmanuel Carrere dedica a este desempeño su última obra, El Reino. Que hay de verdad y de mentira en el Evangelio de Lucas escrito 60 años después de la muerte de Jesuscristo. En él se describen sucesos de los que el evangelista no fue personalmete testigo. Cómo podemos distinguir lo creíble de lo inverosímil, resolver lo que se oculta, podemos acaso aventurarnos a suponerlo introduciendo una ficción probable. En cualquier caso Carrere nos muestra que una lectura atenta (e inquieta) de los evangelios es una lectura nueva que puede ayudarnos en cierta medida a descorrer el velo de simbolismo que parece cubrirlos.

Otra cuestión que aborda el autor es el éxito y la prodigiosa expansión del cristianismo hasta nuestros días. Como es posible que se produjera a partir del martirio y resurrección (?) de uno de tantos profetas que predicaban en la antigua Jerusalem. A este fenómeno no fue ajena la figura de San Pablo que actuó como el agente catalizador. Otra vez una lectura vigilante de las Epístolas Paulinas nos permite seguir sus huellas y comprobar su febril actividad misionera durante los primeros años del cristianismo, pero también organizando y dando forma a las virtualidades de este nuevo credo Y cuando hay lagunas en los textos podemos echar a volar la imaginación

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