martes, 6 de mayo de 2014

Sylvia Plath


(...) Entonces, tras el ataúd y las flores y la cara del ministro y los rostros de los dolientes, vi los ondulados prados del cementerio de nuestro pueblo, ahora cubierto de nieve hasta la altura de la rodilla, con las lápidas surgiendo de él como chimeneas sin humo.
Habría una abertura negra de un metro ochenta de profundidad cavada en el duro suelo. Aquella sombra se fundiría con esta sombra, y la peculiar tierra amarillenta de nuestra localidad sellaría la herida de la blancura y aun otra nevada borraría todo vestigio de novedad en la tumba de Joan.
(...)
La campana de cristal. Sylvia Plath. trad. de Elena Rius. Edhasa, 1982