miércoles, 12 de junio de 2013

CORRER





En Correr, Jean Echenoz, saca a relucir los trapos sucios del deporte que, como parte del espectáculo de la vida moderna, conlleva cierto grado de amargura e impotencia para quien lo practica. Los deportistas genuinos, los que ven más allá de la fama y la gloria de los laureles, pueden verse inmersos sin pretenderlo en la vorágine política o mercantil sin haberlo pretendido. Su única intención es ganar, no ser superado por el contrincante y, en un acto de pura y humana vanidad, aclamado por el público. Jean Echenoz nos narra la azarosa vida de un admirable y revolucionario atleta yugoslavo: Emil Zátopek.


A caballo entre la biografía, la columna periodística y la conversación, desmiga, a groso modo, la vida del atleta, dejando como telón de fondo parte de la historia de la humanidad con la llegada de la guerra fría después de la Segunda Guerra mundial. Sin ahondar en el detalle, muestra el estado de Yugoslavia bajo el yugo del comunismo, y el férreo control que la administración del gobierno ejerce sobre quien destaca en alguna actividad, en este caso el atletismo, manejandolo a su merced y según el criterio de sus intereses. Se trata del destino de un hombre en manos de intereses creados.


Zátopek, a pesar de realizar durante su juventud un trabajo insalubre para su salud, y a base de un duro, estricto y trabajo personal, consigue destacar en las pistas de atletismo de su país, batiendo todos los récords posibles – grabado aún lo tenemos en nuestra retina, con su deslabazado trote y sus dotes histriónicas, mueca a mueca hasta cruzar la meta. A partir de ahí, su prestigio y su acomodo social quedan patentes, con la salvedad de que debe acatar a rajatabla las decisiones del Estado sobre dónde y cuándo debe competir.


Echenoz toca, a vuela pluma, temas muy delicados en los que habría que profundizar. Se trata de una lectura ligera, y, sin embargo, para el lector con cierto bagaje, interesante. Quizá un lector joven, pase por alto las emociones y presiones emocionales de Zátopek a la hora de enfrentarse a la realidad, tan sólo comprensibles, siempre entre líneas, por quien las ha experimentado o investigado. Correr, es más un cuento de hadas que una novela; pensada de una manera cinematográfica que literaria. Tal vez sea un anuncio de que ésta, en nuestros tiempos, tiende a difuminarse entre los diferentes géneros, y a a ligerar los alardes retóricos, tan del siglo XIX y XX.


Resulta curioso, en cualquier caso, que se ciña a los detalles históricos sobre el armamento o el tipo de aviones que cruzaban el cielo Yugoslavo, de tanques, etc... Y se olvide, aportando cierta veracidad a los hechos de describir el carácter de Zátopek, de inmiscurse en sus pensamientos, en sus decisiones y opiniones, o en el mero hecho de describir su físico y sus muecas y su carácter. Correr se acerca a las formas narrativas cinematográficas. Mediante determinadas escenas, de las que el lector debe adquirir la información sutil y necesaria para determinar las situaciones y empatar con lo narrado. Es obvio, esta técnica aporta cierta frivolidad y distancia, que le restan precisión y emotividad a la novela. Lectura rápida, amena y de fácil digestión. Justo lo necesario para acompañar una noche y vencer el sueño.

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