martes, 10 de enero de 2012

EL PERFIL DE LA MONEDA



Eloy Tizón, Parpadeos, Anagrama, 2006.

Al lector atento no le pasará desapercibido la exquisitez de los trece cuentos que integran Parpadeos, de Eloy Tizón. Parpadeos está dividido en dos definidas secciones: Animales en casa y, dando titulo al conjunto, parpadeos.
La primera de ellas toma como hilo argumentativo la presencia de animales, y a través de su presencia se produce una inopinada fractura de la osamenta de la rutina diaria, transcendiendo hacia lo ignoto o lo absurdo. En los siete primeros cuentos asistimos a la revelación de un pájaro agorero que llora, a la perdida de la inocencia de un niño, a como un gris inspector de viajes encuentra el significado de su existencia tras su divorcio, a la inaudita presencia de un león en un bloque de edificios suburbial, al crimen perfecto y al arrepentimiento de un alcohólico. Lo revelador de cada relato surge justamente en lo que Tizón oculta, la pulpa de la trama fluye desde su interior y es competencia del lector, mediante una gran maestría en el tratamiento de la elipsis, donde se requiere su participación directa para colmar el relato de significado. Un deleite. Tizón abre de par en par las puertas a la imaginación.
La segunda sección nos presenta seis indiscutibles gemas que hilvana bajo el auspicio de un parpadeo (los párpados están presentes a lo largo de los relatos). Cabe destacar Teoría del hueco, una extraordinaria metáfora del arte creativo, de la vocación, de la obsesión que nos impulsa a indagar sobre nuestra condición humana. Tan sólo este relato justifica la lectura de Parpadeos. En Estrellas, estrellas, se inclina por la ciencia ficción, entrelazando la vida de un Mr Spock en su declive vital, cuando los viajes interespaciales están a la orden del día, y creyendo que ya nada tiene sentido descubre el amor en un planeta destinado al presidio de insurgentes. En el breve relato Sobremesa o fin del mundo, hace eco de los relatos de Augusto Monterroso, mostrando la fugacidad consuetudinaria de la vida. El mercurio de los termómetros, narra el periplo vital de una tía de provincias a través de la visita de sus sobrinos, un delicado relato donde la metáfora (magistralmente utilizada por Tizón) logra su más rotunda felicidad. Retrato Robot, un relato visionario y futurista, hace hincapié en la inteligencia artificial, indaga en la cuestión de qué sucedería si los robots fuesen capaces de desarrollar una inteligencia emocional y experimentar las mismas inquietudes que los humanos. Cimas blancas contra el cielo azul es una hilarante revisión biográfica de Heidi, heroína de nuestra infancia, que da pie para divagar sobre qué le ha sucedido al convertirse en adulto y los problemas de subsistencia que conlleva. La sonrisa está garantizada. Por último toca el género fantástico, en Parpadeos. Se trata de un relato de corte autobiográfico en el que trata de desenmascarar la identidad del hombre al que pertenece el piso que alquila en el centro de Madrid, y que nunca encontrará porque cuando parece que le da alcance entre la muchedumbre de una céntrica calle madrileña se sumerge, como un ectoplasma, por las escaleras del metro.
Eloy Tizón con un depurado lenguaje estiliza la trama para restituirnos la realidad en su auténtica desnudez, en su asombrosa esencia. Nos introduce en un universo propio, reconstruyendo a base de concisas metáforas el cubo de Kubrick de la condición humana, haciendo rechinar los goznes de la ilusión, destapando la caja de Pandora del mundo, clamando al vacío hasta dejar en nuestro oído el zumbido del desconcierto. Un libro deslumbrante, innovador y audaz.