martes, 28 de febrero de 2012

OCCIDENTE SE ABURRE




Michel Houellebecq (1958), poeta, ensayista y novelista francés, es considerado uno de los grandes maestros de la narrativa contemporánea capaz de desenmarañar los entresijos de nuestra sociedad. Así queda demostrado en otras de sus creaciones como Ampliación del campo de batalla, La posibilidad de una isla o El mundo como supermercado. De una forma directa, prosaica y cruda, nos devuelve un reflejo de una realidad desconcertante. ¿Somos realmente así? ¿Volvemos a nuestra condición animal, a saciarnos en nuestros instintos primarios sin escrúpulo alguno?
 El protagonista de Plataforma, un burócrata francés de cuarenta años, soltero, sin expectativas, al cual le ha muerto su padre recientemente, y que por primera vez se da cuenta de su vacío vital y de que no ha conseguido hacer nada relevante que justifique su existencia, trabaja ocho horas al día en una oficina de ministerio de cultura, con desgana y eficiencia. Para mitigar su soledad decide, como la mayoría de los europeos, realizar un viaje turístico a Tailandia, buscando sobre todo contactos sexuales para atemperar la falta de perspectivas y la ausencia trascendencia ontológica. Durante el viaje conoce a Valéry, directiva de una boyante empresa turística, que se convertirá en su amante perfecta, con la que se siente realizado plenamente al explorar hasta el colmo los placeres carnales que le otorgan un significado a su vida gris. Ambos, junto con su superior, Jean-Yves, explotarán el filón del turismo sexual hasta un desenlace que trastocará los cimientos de su amistad.
   Con absoluta frialdad desgrana las miserias de la sociedad de consumo occidental y analiza con exactitud los males que le afectan: la carencia de un fin determinado que dote de sentido la vida, la desvinculación de los afectos familiares, la soledad en la que nos vemos inmersos en una gran ciudad, la sinrazón diaria de asistir puntual al puesto de trabajo. Frente a todos estos desajustes Houellebecq inclina la balanza hacia el amor y a la obtención de dinero como única válvula de escape, desembocando en un final violento, nihilista y descorazonador a manos de grupos terroristas que reivindican su parte de la tarta del orden mundial. Se trata de una trascripción fiel de la realidad (sobre todo de la burocratizada sociedad francesa) que no nos deja indiferentes, provocando repulsión o aprobación. Su lectura hurga en los enigmas del alma, incitando una reacción casi física. Houellebecq muestra, analiza, certifica. Tal vez con la esperanza de despertar en el lector una idea de transformación de los valores sociales, económicos y culturales occidentales. Leer para sentir.
 

    

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