miércoles, 21 de septiembre de 2011

ES POSIBLE EL AMOR?





A Max Delmarc, pianista de renombre, le quedan veintidós días de vida, y de morir de una forma violenta. Se desvive por tomar un trago antes de cada concierto, presa del extremado pavor que siente al enfrentarse al público. De la mano de su ayudante, Bernie, cruza el parque de Monceau para vencerlo. Una vez en escena, tras unos cuantos acordes, el ansía desaparece y las notas fluyen de su piano sin esfuerzo. Lleva una vida austera, habita, junto con su hermana Alice, en un acogedor apartamento, es alcohólico y tiene escaso éxito con las mujeres -sus polvos se cuentan con los dedos de una mano-, pero una vez, hace treinta años se enamoro de una joven violonchelista, Rose, en el conservatorio. En su interior idealizó ese amor, que no logró cristalizar. La busca por la ciudad dando largos paseos cada atardecer, y noche tras noche, como un somnífero, paladea su nombre antes de quedarse dormido. Pero nunca llega a alcanzarlo. Tras su muerte, en la segunda parte de la novela, se ve instalado en una especie de hotel, rodeado de personajes famosos. En él se decidirá su destino final: el paraíso: vivir en un parque idílico o regresar a la ciudad olvidando su pasado, en un nuevo cuerpo.
Si se esclarece la trama se perdería el interés. Desvelar los entresijos desmerecería su lectura. Así que invito al lector a sumergirse en las páginas de Al piano. La sorpresa final lo estremecerá, cuestionándole el significado de la vida. ¿Es posible el amor? ¿Qué hay después de la muerte? Bajo esta premisa, el autor, entreteje esta reveladora novela que nos deja absolutamente perplejos. Al Piano presenta algunos rasgos similares a Seda, de Baricco, pero eliminando su carácter lírico. Su lectura te arrastra, atado a la maroma de la incertidumbre, hacia un desenlace perturbador. Sonrisa garantizada. La paradoja de la unicidad.

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