lunes, 27 de junio de 2011

LAS DIATRIBAS DE LA HIJA DE ROBERT POSTE




   La hija de Robert Poste, ganadora del Prix Femina-Vie Heureuse en 1933 ha sido recuperada por la Editorial Impedimenta, que ofrece al lector actual un amplio catálogo de excelentes escritores del Siglo XX,  rescatándolos del caprichoso olvido. Incisivamente irónica, Gibbon satiriza hasta la náusea la sociedad victoriana de la Inglaterra de los años treinta. Con impertinente pluma traza la historia de Flora Poste, una muchacha que, tras la muerte de sus padres a causa de la Peste Española, aparentemente en buena posición social y económica, descubre que le queda una ridícula pensión para poder sobrevivir. Recurre a su amiga, la señora Smiling, liberal y de vida disoluta, para que la acoja en su casa mientras decide su futuro.  Tras enviarle varias cartas a sus familiares para tantear la posibilidad de irse a vivir con alguno ellos, se inclina por trasladarse a Cold Comfort Farm, una granja en el condado de Howling, con los agrestes y aldeanos Starkadder -que le revelan tener una misteriosa deuda del pasado con su padre-, en un rancio rincón de la profunda Inglaterra del sur.  Una vez instalada allí, Flora intentará solventar el destino de sus parientes, enfrentándose a su tía, la matriarca del clan, la sexagenaria Ada Doom, eje sobre el que giran las vidas de una esperpéntica galería de personajes cuyo devenir se ve enmarañado en un atávico lazo de sumisión hacia ella. A partir de aquí, ayudada con la lectura del libro El sentido común de índole superior, intentará dotar de sentido y plenitud la existencia de cada uno de los habitantes de Cold Comfort Farm, que desembocará en un final de cuento de hadas.
   El uso de una fina ironía es una de las razones por las cuales merece la pena sumergirse en la lectura de esta novela. Gibbons nos revela una gran maestría a la hora de caracterizar a los personajes, sus ambiciones y emociones, a cada cual más extravagante: Meriam, la sirvienta, que siempre que florece la parravirgen siente el deseo de la maternidad; Adam, un anciano que se desvive por el bienestar de sus vacas; Myburg, un escritor lascivo que sueña con acostarse con las jovencitas; Judith, entregada en cuerpo y alma a los cuidados de la matriarca; Seth, que encarna el ímpetu sexual, y gran aficionado al cine; Reuben, que sueña con explotar adecuadamente la granja; Amos, que predica las sagradas escrituras con indómita furia… Todo aderezado con la adecuada ambientación y puesta en escena de situaciones hilarantes que provocan una sonrisa cómplice en labios del lector.
   Las descripciones y escenas resultan soberbias, Gibbons las recrea de un modo mágico y sencillo, que facilita su evocación. A su vez, parodia la retórica enviciada de las novelas victorianas en boga durante la época, que el traductor se encarga de señalar mediante tres asteriscos para que quede de manifiesto su irónica intención. Asimismo, con juegos de palabras, sobre todo en lo relacionado con los nombres de los protagonistas y topónimos que se escapan al lector en español, pero que se solventan con notas a pie de página. Notas que no dificultan la lectura sino que la enriquecen.
  Resulta una lectura ágil y divertida, que seguramente agradará a quien pretenda huir por unas horas de la rutina diaria.  Le va a la zaga a las novelas de Truman Capote, como Otras Voces, Otros ámbitos. O a la misma Irène Némirovsky, de David Golder. Una lectura conmovedora, que nos hace condescendientes con el género humano, dejando la puerta entornada a la libertad,  a la esperanza y el amor. Cruel y balsámica al mismo tiempo, como un cuento infantil.  


 La hija de Robert Poste. Stella Gibbons. Impedimenta. 2010

 




2 comentarios:

  1. Querido amigo,
    gracias sinceras por la magnífica reseña, y por tu lectura. Nos ha encantado.
    Un fuerte abrazo,
    Enrique Redel
    IMPEDIMENTA

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  2. A vosotros, gracias por tan agradables lecturas.

    Mirza

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